Cuentos y fábulas - Prologo por David Cortés

header3

La historia de estos Cuentos y fábulas que ahora tienes en tus manos es peculiar. Está marcada por el asombro y, también, por qué no decirlo, por el azar. Los textos originales escritos en un lenguaje antiguo y ya muerto, aparecieron entre las páginas de un libro de gran tamaño que Hugo y Ramsés encontraron olvidado en una librería de viejo. Aquí es donde la historia se torna difusa, pues ni el saxofonista, ni el stickista, recuerdan en qué librería y bajo qué circunstancias ocurrió esto.

Han pasado varios años y sus memorias de ese momento son nebulosas. Lo cierto es que, un día, en el cuarto de ensayo, los empezaron a tratar de descifrar y mientras anotaban ideas, sensaciones y emociones que, luego, habrían de materializarse, aunque aún no sabían cómo. Nunca pudieron leerlos en su totalidad, pero los caracteres con los que estaban hechos eran muy similares a las notas musicales y por eso los transcribieron a sonidos.
Así, poco a poco, y con la ayuda de Hugo Hernández, Alejandro Vergara y Edgar Arrelín, estos viejos manuscritos —el papel, la tinta, el trazo de los caracteres no dejan lugar a las dudas respecto de su antigüedad— comenzaron a ser interpretados. Unas historias estaban íntegras, apenas algunos manchones o borraduras impedían su lectura; otras sólo eran fragmentos. Las primeras las agruparon bajo el rubro de cuentos; las otras, pasaron a ser fábulas.
Luz de Riada.
El problema era encontrar la voz, el tono, el sentido que pudiera atrapar cabalmente la intención original de estos misteriosos escritos. Aquí fue donde la vocación de exploradores de estos cuatro se tornó decisiva. Acostumbrados a internarse por veredas ocultas a los ojos poco avezados y a hurgar en las sorpresas, trabajaron día y noche para encontrar esa voz, única, firme e inconfundible que les permitiera reconstruir la trama de estas narraciones.
Algunas de estas fábulas, a la manera de Esopo, hablan de animales, toman a éstos como modelo para ilustrar las debilidades humanas; en realidad, los textos hablan de especies de todos conocidas, pero aquí presentan un comportamiento extraordinario; se asemejan a bestias míticas, salidas de un bestiario fantástico hasta ahora desconocido. En “El Pájaro y el Elefante”, estos animales acostumbrados a convivir en silencio, de pronto adquieren el don de la palabra y tratan de dialogar; pero ninguno escucha a la contraparte. Su oportunidad de comunicarse se pierde por su egoísmo de tener la razón, la última palabra. Una historia parecida la encontramos en “La Abeja Curandera”. “La Oruga y el Conejo” se antoja una variación de Alicia en el país de las maravillas; pero aquí uno y otro sueñan que sueñan con el otro y al despertar se encuentran perdidos no en sus propias creaciones oníricas sino en las del otro.
“Carta Jurásica” es una fábula de misterio e inverosímil. Un hombre, cualquiera, recibe una carta escrita a máquina que data de hace millones de años y en ella se le anuncia la llegada de un individuo que ha venido a matarlo. “El Lenguaje del Agua” es una parábola de la fugacidad; aquí dos hombres ambiciosos y avaros, anuncian que son capaces de contener en sus manos toda el agua del mundo y siempre están empezando su intentona sin darse cuenta de que el inicio constantemente se verá retrasado por la imposibilidad de retener el vital líquido. “Olhos de Linda Porter” cuenta la historia del hombre que, embelesado, se sumerge en la belleza de la mirada de esta mujer de todos los tiempos, para darse cuenta de que eso es su perdición y ahora, a su alrededor, sólo se encuentra el vacío. Las fábulas llegan a su fin con “Réquiem”, uno de los textos menos inquietantes del conjunto. Su valor es el de prestar un digno colofón a la totalidad.
No se crea que los cuentos son menos asombrosos. Aquí, la narrativa se antoja más articulada, las frases más musicales, pero los personajes y situaciones son igualmente estrambóticos. En “Vórtices” los individuos visitan esos doce misteriosos sitios existentes en el planeta y viven igual número de vidas paralelas; lo consideran una conquista, pero su gozo se desvanece cuando descubren que ellos no son otra cosa más que el juguete de un gran creador que los observa con enorme sonrisa y es quien en realidad mueve los vasos comunicantes. “Comparsa de Cronopios” utiliza la imagen del carnaval como señuelo; hay un gran desfile, pero en él nadie es visible, sin embargo todos se intuyen, se crean, construyen y figuran a su antojo, hasta que encuentran la forma de acabar con la invisibilidad y entonces, ya capaces de mirarse, se percatan de que el descubrimiento es un error, de que es mejor vivir con un velo sobre los ojos.
“Doméstico Depredador” es un retrato de la condición humana. Aquí, un hombre, asustado de su capacidad destructora, se encierra en una fortaleza. Al principio, su sed, su hambre de dolor ajeno es contenida, hasta que poco a poco comienza a consumirse a sí mismo y cumple la sentencia de que nadie está por encima de los designios de Dios. “Parlamento Saurio” es una historia vieja, la reunión de las bestias que se reúnen para discutir su futuro, pero que no pueden ir contra sus propios instintos y terminan devorándose entre ellos.
Hasta aquí estas líneas, sólo resta invitarlos a degustarlas, a enredarse en sus vericuetos y a tomar partido con sus personajes; pero antes, una advertencia. Bajo ninguna circunstancia guarde el contenido de estos cuentos y fábulas sólo para usted. Hay una maldición milenaria para quien, poseído por la envidia, se abstenga de compartir su contenido.

Tweeteando